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miércoles, 31 de agosto de 2011

Intento de una despida




Un instante y todo se va
Atrapa lo intangible
Miles de cristales reflejados
Olores que se quedan atrapados en los poros de la piel
Esas moléculas que llenan tu interior
Me lleno de ti lentamente
Me asusta la idea de olvidarte
Tus buenos deseos
Las historias de tu voz al atardecer
El beso en la frente
Olvidar los sábados lentos
Las ranuras
El dorado de los barandales
Las figuras que cobraban vida por la noche
Las madrugadas de chimenea
El 0-1 de un equipo sin importancia
Tu piel playa
Tengo tanto miedo
Miedo a olvidarte
Hoy juegos de solitario
Por los buenos tiempos
Miedo a olvidar tus quejas
Tus gustos cambiantes
Tus pijamas multicolor
Miles de heridas en mis pies
Me recuerdan que mi ser tiene un poco de ti
Esos dolores que te llenan el alma

¿Cómo me despido de ti?
Dime, ¿cómo te digo adiós?
No se como hacerlo
Quizá nunca lo haga
¿Cómo olvidar tus ojos brillantes
y tu sonrisa al leer la última carta que te di?
y si llego olvidarlo todo...
Olvidar el día en que confiaste en mi
El día que viste algo en mi
Miedo
Miedo a olvidar tus últimas palabras
Tenías tanta fe en mi
Miedo a fallarte
En medio de la nada
Atrape tu esencia en el agua
Quise estar ahí
Justo en ese momento
Estuve ahí
El lazo invisible que nos ata lentamente
Si
El cuerpo perece
Pero
Las partículas penetran en mi ser
Y eso no se olvida
Aunque el miedo invada
Aunque la vida me engañe
Aun olvidando mi ser
Estarás ahí
Creyendo en mi

a  mi abuelo HVR

martes, 16 de agosto de 2011

Ciudad estelar


Los sueños se agotan en la ciudad cristalinamente opaca.
Hace mucho que las estrellas decidieron embarcar a un mejor lugar. 
De esos donde los deseos se cumplen.
Ciudades con encanto y olor a antiguo.
En una vida pasada solía vivir en una ciudad de esas.
Donde las calles se llenaban de mercaderes. 
Donde lo multicolor reinaba al horizonte.
Donde las estrellas brillaban tanto que te recordaban lo sutil de un segundo, la explosión de una flor, la sonrisa de un niño.
Los niños dejaron de sonreír.
Mi ciudad que tanto quiero se ha vuelto gris.
Al igual que los sueños.
Quiero encontrar la felicidad.
Miles de lágrimas mueren en mi rostro.
Leo historias tristes para recordar que no estoy sola.
Para recordarme que los sueños aun grises tienen el potencial de brillar.
Hoy estrellas que siguen creyendo en las ciudades perdidas.
Donde los niños duermen desnudos bajo un techo sin paredes.
Mirando estrellas a punto de morir.
Con sus ojos enormes la felicidad ha muerto.
Sonrío. 
Intento fallido.
Apagan la luz.
Una toalla carcomida cafe en el suelo.
Ojos bien abiertos.
La esperanza de sobrevivir.
La felicidad todavía no muere.
Sólo esta escondida en el lugar más remoto de nuestras pobres almas en desgracia.
O era gracia.
Recuerdos de historias de antaño.
Donde pensaba que leer era más seguro que dormir.
Donde dormir era más seguro que vivir.
Hasta que la pistola a punta a tus miedos.
Una luz artificial prendida.
A falta de estrellas fugaces.
No llores.
Tus lágrimas te necesitan para el fin del mundo del tus seres queridos.
Esos que te hacen sentir menos sola.
De esos que sufren sin darse cuenta.
Hoy...
Recuerdas la historia de los ratones parlantes.
Momento no lo leíste.
Lo viviste mientras se comían tus entrañas.
Confundir historias con vida.
Ese siempre ha sido tu problema.

lunes, 4 de abril de 2011

Dulce Infancia.




I.
Julia tiene once años, su madre se rehusa a comprarle cds si los cassetes salen más económicos. Julia baila mientras se da cuenta que nunca será bailarina profesional. Julia muere por tener un discman y también esta ansiosa por mudarse. Mientras tanto, no sabe lo que va a pasar a continuación, no se ha percatado que biológicamente ya no es una niña, su cuerpo traiciona sus pensamientos más fantasiosos y a su corazón lleno de ilusiones bombonescas.
Julia ama los vestidos la hacen sentir especial cuando da vueltas en el jardín de sus abuelos mientras las flores colorean su panorama. 
Julia odia usar playeritas de ropa interior, su madre le dice que es para se acostumbre. Los ojos de Julia son enormes y brillan con el sol, al menos hasta esa tarde.
II.
Demasiadas cosas por hacer, esta ciudad me esta matando, me asfixia lentamente. ¿Cuándo llegará el permiso? Maldita sea, odio sentir que soy una inútil.-Julia piensa en voz alta mientras las personas la miran, acto siguiente Julia saca su celular y simula que habla con alguien de verdad. Se quita los audífonos al ver que le llega un correo electrónico. Mientras, intenta llegar al café más cercano y pedir un té de frambuesa. Entre tanta actividad no se da cuenta que golpea a un joven mientras abre la puerta.
-Fuck!-susurra para sus adentros.-perdón, perdón, ¿estás bien?
-Si no hay problema.-un joven trajeado le sonríe, puede que tenga treinta o quizá menos.-Necesitas alguna ayuda.
-No gracias.
El joven omite estas últimas palabras y se dispone a ayudar a la joven chica de vestido violeta. Julia no sabe si sonrojarse o huir.
-En serio no tenias porque hacer eso.
-No hay problema, ademas tu cara me suena conocida.
Julia voltea ante estas palabras y casi tira su té recién salido. Otra quemada y sus manos serán inútiles por un largo tiempo.
III.
La pequeña Julia se asoma por la puerta principal de su casa, su madre le dice que tenga cuidado. Julia toca el timbre de la puerta de enfrente. Una puerta de madera rodeada de ladrillos. Ese día Julia se puso pantalones no porque quisiera sino por obligación. Después se dará cuenta de lo caro que es tener vestidos, en estos momentos Julia guarda su berrinche y decide que es mejor dejar la cosa así, antes de que no le permitan jugar con su vecina. 
Fernanda tiene 9 años y tiene el cabello más platinado que Julia haya visto jamás. Es igual de flaca que ella y miden casi lo mismo. Julia siente el derecho de enseñarle sobre la vida, de decirle los grandes secretos que le aguardan al ingresar a quinto de primaria. 
IV.
-Julia, ¿cierto?
-Aja.
-Claro, eras la vecina, la amiga de mi hermana. Tu casa la pintaron de rosa baño cuando se mudaron. Que horrible se veía.
-Si eso me dijeron.
-No te acuerdas de mi, ¿cierto? El hermano mayor...
V.
Julia odia recordar esa tarde, fue la última vez que vio a Fernanda sin más explicaciones. Julia claro que lo recordaba pero intentaba no hacerlo. 
Esa tarde su madre se había ido al super y los padres de Fernanda tampoco estaban. Sólo estaban ellas y los dos hermanos de Fernanda, uno un año mayor que Julia y el otro tendría unos 15 en ese entonces. Julia quería jugar a las muñecas y ellos querían jugar con muñecas de verdad. Y así paso, jugaron botella. Un juego absurdo donde a uno le toca decir un castigo y el otro ingenuo e inocente cumplirlo. Julia ese día traía mucha ropa, quizá por eso acepto, quizá quería sentirse grande, quizá sus ojos eran nuevos y no sabía más. 
Su casa era enorme bueno más bien su jardín lo era, al igual que ella tenían una alberca abandonada que se llenaba de agua de lluvia por los meses de mayo y junio. La alberca estaba vacía y parecía el lugar idóneo para jugar. Sin saber cuanto tiempo había pasado Fernanda ya se encontraba desnuda corriendo por toda la fosa. Julia nunca había visto a otra niña desnuda, mucho menos que sus hermanos mayores la contemplaran como si nada pasará.
-Ahora vas tú.-sonrieron los dos. Julia no quería, aun así se quito la playera. Abajo traía una playera de tirantes de algodón blanca con puntitos azules. Le quedaba grande.
-Ya te vimos, ya te vimos.-gritaron los dos. Julia se intento tapar su pequeño y frágil  cuerpo, cuando intento agarrar su playera ya no estaba. Uno de los dos chicos la había aventado hacia los arbustos que para Julia se le figuraban como unas tortugas enormes con colmillos.
VI.
-Si, si ya se quien eres. ¿Fernanda qué hace?
-Mi hermana estudia en la Universidad Americana.
-Yo estudie ahí, ¿qué estudia?-Julia no sabía que hacer, ¿cómo irse? o ¿cómo...
VII.
Julia quería regresar a casa pero no se lo permitieron. Los dos chicos le dijeron que la tarde apenas comenzaba. Que sus padres iban a llegar dentro de tres horas. Julia se hacía la fuerte. Pudo convencer a Fernanda de que se vistiera. Entraron a la casa y fue ahí donde Julia descubrió que los príncipes no existían y que las ranas eran mejores criaturas que lo estaba a lado de ella. Julia gritaba y se dio cuenta de que nada iba a servir. Estaba ahí y si no cooperaba las cosas iban a salir peor. 
Algo anda mal.- pensaba Julia mientras reía nerviosamente.-Muy mal.
El hermano mayor la toma desprevenida, la carga y Julia por temor a caerse le abraza el cuello. Nunca le habían permitido entrar al cuarto de los niños, ni siquiera cuando visitaba a sus primos. Ahora ella esta ahí, abajo de una cama que olía a una pubertad lejana...
Julia cierra los ojos.
VIII.
El aire se hace espeso o quizá ella se hace muy ligera, toca el techo de su cuarto y da una maroma. Todo es más brillante, su vestido se llena de aire, que bueno que trae fondo piensa. Empieza nadar mientras el aire se comporta como una agua ligera que llena sus pulmones de una alegría extranjera. 
Intenta penetrar al espejo, la llama sutilmente. Esa sensación donde los absurdos se vuelven la regla y la magia penetra por los poros más sutiles llenandote de una energía luminosa, de esas donde no necesitas los ojos para ver.
IX.
Suena el timbre. Julia es aventada al suelo y despierta sabiendo que jamas podrá volver a volar de nuevo. No recordará bien que sucedió y cuando a ve a su mamá en al puerta corre olvidando los ladrillos naranjosos, el pelo cristalino de Fernanda, la recamara azul marino. Se despide de todo y su madre le prepara le mejor cena de su vida hasta ese momento.
X.
-¿Julia estas bien?
Claro que estaba bien, estaba demasiado bien por primera vez en su vida sabía que era libre y que nadie podría juzgarla. Julia sonríe mientras el suelo se llena de un bello carmesí. Nada precipitado. Todo muy sutil. Julia camina lentamente mientras recupera una esencia perdida en un cuarto marino.
XI.
La pequeña y agraciada Julia llega a su cuarto y se desnuda lentamente. Mira hacia el espejo.
-Ya nunca podré volar.
Inmóvil ve en el espejo como sus ojos se empiezan a fracturar. Lentamente... La primera vez que sus ojos cortan su piel. Donde miles de cristales se esparcen por el alrededor. Su cara empapada se va curtiendo. Su cuerpo tiene un peso demás.
XII.
El joven se queda inmóvil viendola como se va, pareciera que volará.
Efectivamente Julia vuela de la manera más sutil. 

jueves, 24 de marzo de 2011

Julia en 10 actos




Acto uno
Julia sólo puede escapar de su realidad después de la medianoche. Todo lo que solía amar se fue sin avisar. El violáceo de su cuarto que la hacía despertar con energía. Los patrones de hilos egipcios que delicadamente sus dedos acariciaban antes de dormir. Las lilias que relucían y reflejaban colores magistrales en su florero Bacarat. El ventanal que dejaba respirar la brisa del mar. Los almohadones estilo ingles que soñaba tener desde la adolescencia. El olor roble de la cómoda después de una ligera llovizna. Ahora todo le parecía frívolo y le sabía a un dulce vació que hacían temblar a sus labios sin autorización. Agotada de ser un zombie, Julia intenta contenerse. Se avienta a la cama y ligeramente el edredón naranja se vuelve en un bermellón húmedo. Le costará 15 minutos levantarse y cambiarse para preparase para el día siguiente. Sin embargo, hoy es una noche de noviembre. De esas donde la luna conspira.
Julia olvidó apagar el celular del trabajo. Este suena en medio de cristales rotos que inhabilitan la mirada de Julia. 
Acto dos
Julia visita la ciudad del sol dos veces al mes. Una ciudad que le trae recuerdos amargos, aun así no puede dejar de quererla. Además, parte de su negocio se encuentra en esa ciudad. 
Es domingo, Julia va vestida con un hermoso vestido azul cielo. En esta ciudad difícilmente las personas se percatan de las muertes caminantes. Se dirige a su café favorito estilo francés. Julia odia el café.
-Hola, ¿cómo estas? No te hice esperar mucho, ¿cierto?- Julia se sienta en un mesa que da a la calle. Ve los carros pasar pide un jugo de naranja y un omelette con chilaquiles.
-No para nada, wow años sin verte. Que bueno que sigues usando esos lentes. Nunca te hubiera reconocido.-Julia se ríe. 
-Si, bueno tu te mantienes igual. Bueno no igual, igual...
-Eso dicen todos.
-Wow veo que estas casado- la mira sorprendido. Julia señala su mano.
-Ah si, esto...
-Perdón, mejor deberíamos hablar de trabajo.
-Si claro....
Acto tres
Nadim esta emocionado. Esta en muchos proyectos y cree que la vida es un regalo. Nadim tiene 21 años y esta a punto de conocer el amor de su vida. Lo dejará escapar como la mayoría de los jóvenes. 
Le gusta una chica en especial, que le recuerda a una pequeña hada. No sabe como invitarla a salir, es más fácil tirarse a las chicas de las fiestas. Aunque tampoco lo hace.  Sin querer los dos han sido requeridos a una fiesta de disfraces. Nadim recuerda perfecto esa noche. Tenía demasiados compromisos, pero logró llegar vestido de pirata. 
Que historia, piensa. Un pirata enamorado de una hada. Ella distraída como siempre iba corriendo por el camino amarillo. Nadim nunca supo a donde iba con tanta prisa.
-Perdón-
-No te preocupes.- Ella se le quedo viendo fijamente. La verdad si le había dolido un poco el golpe.
Se besaron bajo un árbol que dejaba entrever la luz de la luna.
Acto 4.
-Te acuerdas de Sanz... Sanz, te suena el nombre.
-Perdón, me acordé de algo.
-¿Es importante?
-No realmente, si Sanz. Te refieres al profesor Sanz.
-Si ese mero.
-¿Trabaja contigo?
-Así lo es, super emocionante, ¿no? Y pues quiero que seas parte de su equipo.
-Hace mucho que no hablo con él. Hay muchos de nosotros trabajando en el parque, ¿cierto?
-Si hice un llamado muy al inicio del proyecto. De hecho, que extraño que no te hubieras enterado.-Julia saboreaba su fresca naranjada.
-Si extraño...
Acto 5.
-Creo que voy a renunciar.
-¿Qué estas loco?¿Cómo vamos a mantener a nuestro hijo?
-Calma hay un nuevo proyecto y están llamando mucha gente.
-Tú y tus proyectos. Me tienes harta y mientras, ¿quién paga la renta, la colegiatura y demás? A ver respondenme. Si empiezas otra vez perderás todos tus derechos.
-Si tienes razón, esta mejor la cosa así.
Acto 6.
-Bueno el caso es que estas aquí y me da mucho gusto. Como sabrás la empresa tiene muchas áreas. Y creo que te va interesar mucho trabajar con Sanz. ¿Te sigue gustando RH?
-Si, ¿por?
-A perfecto porque van a dan un concierto en nuestras instalaciones. Ellos ya tienen su equipo y todo.... De hecho antes de presentarse con nosotros lo harán en el foro sol. Pero, les agrada las cosas que nosotros hacemos y quieren darnos un poco de libertad. Ahí es donde entras tú.
-Pero, no es un puesto muy alto.-No pudo ocultar la emoción en su rostro.
-Bueno no creas que no hice mi chamba. Vi tu portafolio y lo que has hecho en otros lados. Creo que das el ancho. Eso me recuerda, yo ahorita voy a tomar un avión. Regreso en quince días. Necesito un reporte de todas tus actividades. Ahí Sanz te explicará como funciona todo. Dos reportes al mes, la paga es en dólares y el evento es en seis meses. Sanz se muere por verte, ¿sabes?
-Es en serio.
-Si claro, te acuerdas de como lo admirábamos en la universidad.
-Claro y ahora vete... 
-Tu fuiste quien me dijo que debería sacar el mundo hada de mi cabeza.-los dos reían.
-Si pero de que manera, impre----
-Mommy, mommy!!- Julia voltea sorprendida. Dos niñas idénticas entran gritando a la cafetería. Él jamás imagino a Julia como madre.
-¿Qué les he dicho de hablar en ingles cuando estamos aquí?
-Perdón.-Una de ellas mira fijamente a Nadim.
-Ay hija, pensé que no había problema en dejartelas aquí.
-Mamá te acuerdas de Nadim.
-Claro que sí.-La mamá de Julia lo saluda. Él se encuentra más que sorprendido.
-Ya me voy.
-Te cuidas, nos vemos en quince ma.-Su madre desaparece.- Oye, me cuidas a las niñas unos minutos, voy al tocador.
-Si no hay problema.
Acto 7
Julia no aguanta más. Su mascara de felicidad se desvanece sin pedir permiso. Respira profundo mientras se enjuaga la cara. El espejo no miente.
Acto 8.
-Su padre, ¿dónde esta?
-Esta en el cielo.- la cara de Nadim cambia radicalmente. 
-Mommy says that he is an angel.
Acto 9.
A Julia nunca le gustaron los hospitales. Fríos, olor a una muerte viviente carcomida desde las entrañas. Y ahí estaba, viendo como el ser que más amaba del mundo se despedía lentamente de ella. En una cama que no era suya. En un lugar que no les pertenecía. Unos labios que ya no respondían. Un cuerpo transparente que mataba su alma. Con valor salió del cuarto, con lo poco que le quedaba.
-Niñas vengan.
-Yes, mommy?
-Dios me habló y quiere que su papá sea un ángel. Para así protegerlas mejor.
Julia abrazo a sus dos niñas y dejo que su cuerpo llorará por dentro.
Acto 10
Julia se talla los ojos. Saca un labial Chanel bermellón y dibuja una sonrisa en su rostro.
-Bueno Nadim, así quedamos. Te recomendaría ir al parque para que te des una idea.
-Si, eso pensaba hacer con mi hijo.
-Perfecto, huyo que si no, no alcanzamos el avión.
Nadim abraza a Julia como aquella noche de septiembre. Julia sonríe. 
-Nos vemos en dos semanas.
-Nos vemos.
Nadim observa los restos del cafe. En la calle Julia y las niñas desaparecen en un carro de lujo. El chofer le sonríe. Nadim se quita su anillo mientras se va del lugar.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Recuerdos de un tiempo no tan lejano.


Los conocí hace tiempo. Eran a mi parecer cuatro los miembros originales, quizá con los años fueron más. Se decían ser lémures. Yo llegue por accidente o quizá no. 
A mi padre lo habían secuestrado o eso era lo que yo me inventaba en la cabeza cada vez que alguien me preguntaba sobre su paradero. Era mejor así. Aunque ahora que lo pienso debí conocerlos después. Mi padre en todos modos nunca está, pocos recuerdos tengo sobre él. Debí conocerlos después de que secuestraron a P. Lo busque por todo el verano del 2005, nunca pidieron recompensa los malditos. Malditos bastardos. Mi madre años después me diría que P ya estaba bien y que me cuidaba desde otro plano. Quizá ya lo sabía, hace tiempo que los ojos no se me rompen. 
Ellos ya no existen o bueno ya no publican gratuitamente. Me gustaba leerlos, adivinar quien era quien. Nunca firmaban. A pesar de tener seudónimos. Me gustaba su estructura y la manera que veían al mundo. Cuando los conocí, yo sólo leía a Aridjis, Neruda y Sor Juana en español y a Yeats y T.S. Elliot en ingles. Al menos eran los que me gustaban o me sentía especial porque casi nadie leía poesía en mi escuela. 
En la prepa había un grupo de “poetas”, sólo una chica valía la pena. Cuando se enteraron que escribía me convocaron. Uno de tantos proyectos que se pierden en la pubertad. El novio de la chica tampoco escribía mal. El problema era que el grupo no tenía un propósito. No tenía visión, ni nada, nos faltaba sustancia, esencia. Ni siquiera recuerdo el nombre, creo que en un inicio todo debía girar alrededor del desamor. Patético, es lo único que me queda decir. Yo odiaba las rimas, propia de mi generación odiar las reglas sin conocerlas. Admito mi estupidez. Sigo sin conocer a la perfección las reglas de la poesía. Según me fui a enterar después, escribo con intuición y sensibilidad. Pero, desde el fracaso de la prepa no he vuelto a integrarme a ningún grupo. Los poetas aman los grupos. 
Todo inicio por un golpe virtual, la novedosa forma de publicar en internet, hizo que miles de ególatras publicaran. Yo al igual que todos mis amigos de alrededor de 17 años abrimos una cuenta y publicábamos conversaciones caprichosas, chistes locales y quejas sobre la escuela. La prepa se acabó, la mayoría entraron a universidad y su cuenta se convirtió en declaraciones amorosas con poemas cursis o criticas respecto a su carrera. Deje leerlos. 
Yo no entré a la universidad. Y mi cuenta fue evolucionando. Escribía sobre lo ridiculo que era el mundo de las señoras de treinta. No conocía muchas feministas por aquel entonces, intuía que se hubieran molestado más que yo al ver la situación. Me burlaba de ellas y la gente me empezó a leer. También tenía un seudónimo. No ocultaba mi edad. 
Ellos me encontraron y acabamos descubriendo que estábamos en la misma Universidad. Si, al final entre a la universidad. Quería tener amigos. Creo que ellos de alguna manera ya sabían más de mi. No lo podría asegurar. Nunca me invitaron a su grupo. Simplemente me integraron en sus historias. Ahí estaba yo, como un personaje ficticio o como una musa. Entonces otra evolución. Recordé los poemas que escribía cuando tenia 13 y como los profesores me miraban con sospecha. Ellos hablaban de mujeres, pero ni una era un lemur. Ahí conocí a la primera asesina de mi vida. Ella todavía escribe, pero no diario. Al igual que yo. 
Nos comunicábamos de esa manera extraordinaria de símbolos binarios electrificados. Ellos no eran del DF, pero se estaban adaptando. Ahora los escritos no se empolvan, quedan a disponibilidad de un viajero sin rumbo. Letras olvidadas en un espacio inexistente. Ellos eran mis amigos imaginarios y yo una musa que les recordaba a un amor pasado.
 Las pocas palabras que cruce fue con la asesina, una musa asesina que por lo que entendí vivía ahora en España. Desde que mataron a su hermana. Desde que volcó su energía al baile y a la actuación.  Me comía sus historias ferozmente. Me llenó más de la cuenta. A todos los conocía por foto, en redes sociales que sin dejar de existir, decidí dejarlas morir en el olvido. ¿Qué será de ellos?
Tienen un bar en el centro o trabajan ahí o lo frecuentan o quizá sólo era una pista en mi mente. Siempre me ha dado la curiosidad de ir. Verlos en persona. Seguro no me reconocerían. El grupo según entiendo ya no existe. Tenían mi edad y estudiaron en el mismo periodo que yo lo hice. Diferentes facultades. Estarán buscando una leyenda perdida. O al final dejaron las letras por la música. Creo que tenían un grupo de rock o algo así. Lo que es seguro es que me fomentaron el escribir, a comunicarme con historias imposibles. A no temerle al mundo y seguir escribiendo sin rimas sin sentido. Algún día iré en su búsqueda e intentaré publicarlos en un lugar más adecuado. Más mío por así decirlo. 
De vez en cuando salgo en las noches y siento la ligera presencia de lémures navegantes. 

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Maquillaje

 marzo del 2009


George OHearn: Beautiful women are invisible.
David Kepesh: Invisible? What the hell does that mean? Invisible?
  They jump out at you. A beautiful woman, she stands out. 
She stands apart. You cant miss her.
George OHearn: But we never actually see the person. We see the
  beautiful shell. Were blocked by the beauty barrier. Yeah, were
  so dazzled by the outside that we never make it inside.
Elegy (movie, 2008).





Me cubro de maquillaje, no es que sea tan necesario. Cubrir una mascara con otra. No es como si alguien se fuera a dar cuenta. Pero me siento expuesta, después de ayer quien no lo haría. Pero lo simulo muy bien, la falda azul marino estilo europeo, la blusa ligera blanca color perla, la chaqueta negra de mangas cortas y abombadas y las botas negras. Me dan el aspecto del nunca me ha pasado nada en mi vida. Me engaño muy bien.
Y todos los gritos, los enojos y las frases que no quisimos decir no se fueron con el viento. Se atoraron en mi pecho, se quedo ahí tu voz resonando: no estoy seguro.- me dijiste.- si he pasado los momentos más felices de mi vida pero, definitivamente los que más he odiado si. 
Los que más has odiado, odiado, odiado. Mientras, mi padre ve una linda sonrisa. Hablando sobre banalidades y esperando a que me dijeran que la belleza te hace invisible. A que me destrozaran con esas simples palabras. Pero antes de eso, estaba ahí parada recordando como me decías que era una princesita que esperaba dormida en su castillo. Sólo eso vez en mí, me pregunto. Una cara bonita. Un cuerpo bonito. Soy sólo una muñequita pensé. De esas que sonríen, de esas que hacen lucir al otro, de esas que nadie ve.
Entonces la mirada se me pierde en el infinito y quisiera vomitar todo esto que traigo adentro. Sí ahora mismo esperando a que me digan lo difícil que es amar, lo raro de la vida, yo me harto de estos pensamientos y los quiero vomitar.
-Papá me siento mal.- digo gritando, al menos eso creo.
-Pa pá ya no veo.- siento que ahora si es el final. Nada me responde, ni mi cuerpo, ni mi mente. Los pensamientos se van, tu voz diciendo que todo esto se acabo se pierde. No veo ninguna luz, no visualizo los mejores momentos de mi vida, no nada de esas cursilerías. No nada similar que haya visto en las películas simplemente negro y no quiero
-Pá pa.- me asusta la idea, el único que me puede ayudar es aquel ser que me llama paranoica, que nunca me cree, que apenas y me habla. Que nunca le llamo papá.
Sin poder agarrarme de su cuerpo, caigo. Se desploma mi cuerpo y todo cae tan sutil.
A lo lejos mi padre preocupado, asustado, sin saber que hacer. Quien lo hubiera dicho. Nadie ayuda. No hay hospital, no hay gran enfermedad y las palabras son casi las mismas.
-Te voy a extrañar.- 
Y Sin embargo no hay un...
Estoy aquí.  

martes, 7 de septiembre de 2010

Contemplando el tiempo

-Una dulce melodía de fondo, ayuda a romantizar estas palabras efímeras.-





Se va el tiempo en las grietas de la pared que nunca quiso ser blanca.
En el piso de las capas infinitas, que la escoba ya se harto de limpiar.
Miro el cielo de los constantes cambios y la luna me sigue preguntando si algún día la abrazaré.
Podía seguir dormida. Ahí nos seguimos amando, sentimos que el tiempo no nos esta comiendo.
Olores que maten antes del medio día.
Pensamientos ajenos que carcomen mi cerebro.
El tiempo queda atrapado en las fisuras de las puertas que nunca cerraron.
En los botes de basura que guardan más secretos que la abuela.
Cepillo mi cabello lentamente como si la eternidad fuera mi mejor amiga.
Una hormiga intenta llevarse el caramelo excedido de la fruta de ayer.
Una mosca está a punto de morir.
Descubro un personaje en la mesa de madera que antes fue un closet y antes fue un pino milenario.
Veo el reloj inexistente.
En tres años me habré olvidado de este instante.
En cinco perderé este escrito como tantos otros.
En diez volveré a contemplar el cielo estrellado.
La luna me mirará con tristeza.
Hace diez años entendí la relatividad del tiempo en una mirada.
Hace cinco no me molestaba la lentitud de la espera de los días del clima estático.
Me sobo un ojo.
Me acuerdo del sueño de ayer.
Mi boca se descompone en miles de fragmentos fracturados.
Una presencia nueva.
Un espanto cotidiano.
¿por qué el tiempo no me quita la dulzure exterior?
Mientras ya ha casi congelado mis entrañas.
El tiempo se esconde en conversaciones banales y entradas sin importancia en portales ingeniosos del nuevo siglo.
El tiempo se escapa mientras yo me lo como.
Mientras sigo intentando inmortalizar lo que nunca recordaré.
Pasan 10 años.
El agua caliente cayendo sobre mi cuerpo desnudo.
Me cuestiona sobre el tiempo maldito.
Recuerdos que no envejecen.
Mi mano diminuta en tu palma sutil.
Tus largos dedos se comen parte de mi corazón.
Despierto, todavía siento la adrenalina de mi cuerpo pre-adolescente.
Observo el polvo escondido en el teclado.
Un día el tiempo te llena de recuerdos empolvados de melancolía.
Te abraza y sabes que aun respiras.



-El corazón llora, una paz interior se quiere asomar.- 

viernes, 3 de septiembre de 2010

Maldiciones eternas o diversiones efímeras.

Noemi no era particularmente bella, no era de esas niñas que la gente mira y se deslumbra o se piensa que es un engreída. No, Noemi tenia una estatura por debajo de la media, unos ojos grandes y oscuros. Se distinguía por misteriosa y un poco coqueta. Todo lo demás de ella, lo iba descubrir muy pronto Armando.
Armando no era muy complicado, vivía al día y no le consternaba mucho la idea de salir todos los fines a alcoholizarse con los cuates. No era muy alto y en general era un buen chico. Si todo esto es antes de conocer a Noemi.
A Noemi la conoció un día cualquiera, en la universidad, un día nada particular. Un clásico es la amiga de un muy buen amigo. Nada especial, sin embargo para Armando si lo fue. Quedo atónito con su belleza y más con su sonrisa. Su cerebro guardo ese recuerdo mejor que una foto. Todavía hasta hoy recordaba como ella alegremente le sonreía. 
Noemi no lo recuerda así. De hecho tiene que hacer muchos esfuerzos para recordar ese día. Demasiados.
Armando quiso aparentar que nada sucedía, que era otra chica más. Y es que como justificar que quería verla otra vez, como invitarla a salir sin aparentar desesperación o que pensaran otro chico bobo enamorandose por Noemi. Aunque era justo lo que estaba pasando, se estaba clavando intensamente en esa mirada fatal que sólo ella podía ofrecerle.
Noemi aceptó salir con él, tiene bonitos labios. 
Empezaron a salir, sólo a donde ella quería. Sus gustos consistían en salir a bailar y tomar unos buenos tragos. Ella sabía que Armando pagaría lo que fuera. 
Y es que siempre sucede así. 
Noemi sabía perfecto que al inicio si todo iba acorde al plan, por un par de sonrisas conseguía un par de salidas. Por unos besos unos tragos.
Si lo hacia el bien el tipo, se acostaba con él. Sólo si se aseguraba que después de eso venían unos lindos regalos. Era parte de la formula, nadie sale herido. Todos actuan acorde el papel.
Armando por el otro lado no entendía porque no dejaba de pensar en ella. Por que no se fastidiaba de las conversaciones bobas de sus amigas. Poco a poco Noemi empezaba ser la chica perfecta, podía pasar el resto de su vida con ella. No podía creerlo, cuando se dio cuenta que ya habían estado saliendo por más de 3 meses. Como le hablaba cada tercer día para saber escuchar su voz. Como hacía todo lo posible para que ningún plan interfiera con los de ella. 
Noemi por el otro lado ya se estaba aburriendo de la situación. Había otros chicos más guapos pensaba. El sexo esta bien... pero podría estar mejor. Sus regalos dejaban de ser bonitos a pasar por ser cursis. Se preguntaba porque tenía que ir a su casa, cuando podían ir directo al bar. Y no baila... Demasiados defectos y ya esto se esta convirtiendo más allá de un rato.
A la mitad del 4 mes, Noemi salía a solas con sus amigas. Armando le hablaba. Ella lo ignoraba. Armando la buscaba en la universidad. Noemi hacía que no lo veía o que tenía mucha prisa. Armando les hablaba a las amigas en común. Noemi se reía con ellas, pobre tipo... que se consiga una vida. 
Mensajes de Armando.
-Estoy preocupado no se de ti, ¿estás bien?
-Mmmm, espero puedas contestarme pronto, necesitamos hablar.
-Soy Armando, este es el celular de Noemi, ¿cierto?
-Ya han pasado unas cuantas semanas, este es mi último mensaje. SI quieres saber de mí, marcame.
-Por si te lo preguntabas, estoy bien.
Noemi decidió ignorar todo eso y continuar con su vida. Conoció a otro chico, mucho más interesante. 
Armando se encontraba con los amigos de siempre.
-Ya no me habla.
-¿Qué esperabas?
-Todo iba muy bien, era perfecto.
-Todo es perfecto los primeros 3 meses.
-No en serio, esto era otra cosa.
-Dime, ¿qué tan diferente es de lo que tú le hiciste aquella chica?
-¿A cuál chica?
-La chica bonita de buen cuerpo, que parecía bastante amable.
Armando no recordaba.
-¡Cabrón! Ni que te acostarás con tantas.
-Es que no puedo de dejar en pensar en Noemi.
Armando se volvió a encontrar a Noemi. Un día lluvioso. Noemi lo saludo como si nada.
-¿Qué nos pasó?
-¿De qué hablas?
-Yo te quería, te quiero.
-Armando... entiende yo no puedo quedarme aquí. Con un chico como tú.
-No me quisiste....
-Si un poco... estuvo bien por un rato. ¿Qué quieres?
Armando la miraba... le dolían sus palabras. Quería abrazarla, poder oler su perfume a violetas y tocar su sedoso cabello.
-Me voy de aquí, ¿sabes? Me voy a un lugar muy lejano.-dijo Noemi, mientras se acercaba a abrazarlo por última vez. Verlo por última vez.
Armando no quería esas palabras. Insistía en su cabeza, en su interior que ella era la única que lo podía llenar por completo.
Meses después.
-Que cobarde de su parte huir de esa manera.
-Que maldita diría yo.
-Ella no puede ser una maldita, no con esa sonrisa.
-Cabrón...
-¿Qué?
-Nada. Yo aquí de pendejo escuchandote. ¿Pero, cómo no te das cuenta?
-¿De qué?
-¿Por qué todas te llaman patán?
Armando sonreía.
-Entonces para qué te haces pendejo.
-Es diferente.
-Esa Noemi en tu cabeza no existe, la real esta cogiendo con otro en estos momentos. Con otro como tú siguiendole el juego. Y hasta que ella no se enamore, seguirá actuando igual. Como tú cabron mientras no dejes de alucinar con eso que no existe, seguirás bien jodido.
-Es diferente.
-No la jodides es igual siempre. Por tu bien, espero que te des cuenta pronto.
Armando se engañaba muy bien.
Noemi por otro lado encontró de quien enamorarse, alguien a su altura. Alguien que no la tratará tan bien, alguien que no supiera si al día siguiente iba estar ahí. Alguien por quien llorar.
-Te acuerdas de Armando.
-Ah si el chico que estudiaba contigo, no?
-Aja... creo que no te ha olvidado.
-¿Es en serio? pero si salimos como tres veces a lo mucho.
-¿qué quieres que te diga? eres inolvidable...
-Crees que le moleste la idea si se entera que estoy comprometida.
-Eres una mala persona.
-Lo siento... -Noemi se reía bastante de la situación.- ¿Sabes? el otro día me hablo Jorge.
-El del trabajo ese...
-Aja.
-Simplemente inolvidable.
Las dos reían. 
Armando tuvo insomnio ese día.

sábado, 28 de agosto de 2010

Capitulo 11. El caso de la niña que se encontró con una hada

Me acuerdo de antes, cuando te esperaba en una silla.
Todavía no llegas.
No importa, el alba todavía no llega y yo ya no estoy en esa silla.
Verás, la intercambie por unas cuentas sonrisas. 
De esas que te hacen recordar un pasado imaginario que se siente como ayer. Como si tuvieras sólo dos horas de vida en este planeta y hace unos segundos no te esperaba en una silla porque no sabía de tu existencia.
Después de unos días de largas pláticas con la luna, me di cuenta que me había olvidado del gigante que se dormía en mi jardín y el oso que andaba en monociclo. También me había olvidado porque soy tan afín de las hadas. 
Te contaré mi historia invisible, te contare la historia de una niña que por andar de curiosa se obsesiono de las sillas, de los hongos y del futuro inexistente.
Nací hace tres días o quizá hace 1830, no lo recuerdo muy bien. Son datos innecesarios, de esos que me hacen sentir que vivo en un archivero. No me gusta y no importa porque en todos modos me iré a viajar a las grandes montañas del sur. Donde viven los dragones y rescatas a otros niños, que te llevan esperando en altas torres. Si, en poco tiempo hablaré como las sirenas y cantaré como los duendes, mi madre esta enferma no se dará cuenta. 
Si no fuera por ese lugar gris que me suelen llevar todos días a aprender como ser de una manera impecable un archivo, me la viviría en las faldas de la montaña donde el agua brilla cuando la luna esta contenta. 
Eso sonaba perfecto, para una pequeña niña que no conocía las consecuencias de casi ninguno de sus actos.
El otro día estaba platicando con mi amiga la rana y decía que estaba esperando a una chica de sangre azul. Yo le dije que mi sangre era morada, como las violetas, ¿qué si había una diferencia?
-¿Cómo te atreves a preguntarme eso?
La rana ya no volvió y de ese día ya no he vuelto hacer amigas rana. Fue ahí donde me encontré con una linda cascada, quise asomarme para ver que había adentro, pero no pude. No podía pasar, en eso una voz dulce me llamó.
-El que cruza por ahí no regresa. Encuentra un mundo sin igual.
Un ser delicado con enormes alas, me estaba hablando.
-¿Qué tengo que hacer para entrar?
-Lo de siempre, lo que todo mundo quiere.
-Y, eso sería...
-Parte de tu corazón, diría un corazón completo pero para ser honestas sólo se necesita una parte.
-¿Cuál?
-Eso no te lo puedo decir, sería contra las reglas.
Para una niña que no conoce el dolor y le maravilla el color de sangre, dar una parte a cambio de un mundo sin espacios grises y archiveros, le parecía un muy buen trato.
-Entonces qué dices mi pequeña.
-Volvería a ver a mi madre
-Si
-Volvería a ver a mis amigos
-Depende de ti
-Podrías darme tus alas.
-Por supuesto.
Se arrancó una parte de ella, sutilmente, con paciencia. Su corazón era muy grande, muy fuerte, limpio y puro. Tenía sólo 1845 días de existencia, no había parches, ni agujas, ni remates. Nada... 
Ni fue tan difícil. De repente sentí un peso en mi espalda, tenía una hermosas alas. En eso voltee hacia atrás.
-Cuidarás de él.
-Siempre.
-Lo prometes.
-Si.
Vi como lo guardaba con mucho cuidado. 
Ahora tengo 3833 días, estoy en busca de algún intercambio. Las alas me pesan. En este mundo nadie es tan ingenuo. Conocí las lágrimas,  la soledad, el temor, la frialdad. Nadie quiere mis alas.
En este mundo lo mágico te convierte en monstruo.
La niña lloro hasta que se le rompieron los ojos, luego escondió sus alas y se le olvidaron las montañas del sur. La niña dejo de ser niña, como la mayoría de los seres que cohabitan en ese planeta. Entonces fue cuando la niña se cansó de trotar por el mundo y decidió esperar en una silla frente al mar. A que llegarás tú, porque eso era lo único que recordaba de su infancia, que alguien siempre espera y otro alguien llega y luego miles de cosas increíbles pasan. Pero, hubo ciertos problemas en el proceso y hasta el momento sigue teniendo que esconder parte de sus alas. 
Tengo un corazón parchado y unas alas destrozadas.
Te sigo esperando.
Sin tener la belleza de una hada.
Sin poder ofrecerte nada a cambio.
Más que un poco de locura y cuentos de antaño.
Ya no hay sillas.
Tengo una lista en la palma de mi mano.
Para recordarme, que tú no eres
números imaginarios
ni fractales silvestres
ni piratas astrales
ni frutas explosivas
ni fantasías bidimensionales
La niña que se topo con la hada de la cascada, no te estaba esperando. En algún punto tenía que rescatarte de la bruja malita del sur. Tú ya tendrías alrededor de unos 6,583 días. Juntos habrían de huir a las montañas sutiles del oeste. Pero nada de eso ocurrió y en algún punto me confundí y te esperaba en una silla. En otro punto, hice intercambios que me hicieron ver más allá de la cascada. Crecí y se me rompieron los ojos.
Ahora ya no puedo volar. 
Ahora se que no te puedo esperar, ni buscar.
-Un día nos volveremos a encontrar, me perdonarás y moriremos juntos.- el hada aun sin alas pudo volar.