jueves, 17 de febrero de 2011

Mariposas Estelares


La dulce Estela tenía una relación de repugnancia y curiosidad con las orugas. Se maravillaba por ver tantos colores en una criatura tan pequeña. A la vez le daba un poco de asco su cuerpo flácido. El miedo era un factor diminuto pero se encontraba cada vez que una de estas orugas salía repentinamente caía del cielo.Estela tenía tan sólo 5 años cuando comenzó a contar las orugas en su jardín y se daba cuenta que había más orugas en verano que en invierno. También se dio cuenta que las mariposas no rondaban tanto en su jardín como en el de su vecino. 
A sus 10 sabía reconocer perfectamente que orugas comían que plantas, que orugas eran más venosas, cuáles crecían más y cuáles se convertían en hermosas mariposas que rondaban su ventana hasta morir. Justo cuando morían las recogía con demasiado melifluo y las pegaba cuidadosamente en su pared. 
Para los 14 años Estela seguía viendose como una pequeña niña, su cuerpo era muy fino, su estatura no llegaba al 1.50 y su sonrisa no conocía la malicia. Lo único que se podía notar de diferente eran los posters pegados en su cuarto, de chicos que soñaba algún día conocer. Se sonrojaba cada vez que el chico más lindo de la escuela la saludaba. Seguía con su fascinación con las mariposas pero sólo las plastificadas en forma de estampas adheribles, llaveros multicolores, plumas de tinta rosa y papel de color pastel. 
Un día vio una oruga de color verde fosforescente con fondo negro terciopelo rondando en su baño. Se le hizo algo peculiar, tomo una varita de princesa olvidada en el fondo del armario, hizo que lentamente subiera la oruga y la colocó sutilmente en la maceta a las afueras de su ventana.
Pasaron algunos meses y Estela estaba más concentrada en su cita, la primera de ellas, que en su fijación por las orugas. Era su primera cita, le había costado mucho trabajo convencer a sus padres de dejarla ir a la heladería de la colonia sin compañía. Quería verse bonita y antes de que su madre la llevará, se metió a bañar. Abrió la llave de agua caliente, mientras se quitaba la blusa del uniforme, se ponía sus sandalias para el baño, odiaba profundamente la sensación del mármol helado sobre sus plantas de los pies. Sin poner mucha atención el baño estaba un poco diferente, un poco más grande de lo usual. Su padre le había dicho de esas pequeñas remodelaciones, que ella nunca le daba importancia. En su mente su baño no tenía tina, ni ventanas, ni un lugar donde poner sus accesorios del baño. En su mente seguía siendo su pequeña regadera, por lo que tampoco vio que tenía compañía.
Ahí, ya desnuda con el agua hirviendo vio una pequeña oruga merodeando, escapando del agua. Estela estaba apunto de tomar una toalla, para sacar a su pequeña amiga, cuando esta empezó a crecer a una velocidad inexplicable. Estela asustada quería salir de la regadera, pero todo estaba cambiado, la puerta se estancó y las ventanas estaban muy lejos. La oruga tenía unos colores nunca antes vistos por ella, entre lilas, morados, violetas  y rosados tornasolados. No tenía púas y había algo que dejaba a Estela atontada. En unos cuantos minutos la oruga medía el triple de Estela y sus feroces dientes la amenazaban. Estela intentaba no moverse, buscaba la manera de salir y fue cuando la oruga decidió de manera violenta arrancarle la piel. Primero la de las piernas. Estela intentaba gritar pero sin éxito. A esta oruga en particular no le gustaba la piel, entonces sólo la arrancaba y la escupía. El baño se empezó a llenar de sangre. Algo que la oruga la excitaba, empezó a sorber la sangre que se combinaba con el agua y luego empezó a succionar el cuerpo de Estela. La hermosa cara de Estela estaba intacta, podía sentir todo lo que la oruga le hacía. Miles de lágrimas que se confundían con el agua. Después la oruga comenzó a comerse los tendones y los músculos sólo los mas jugosos. La oruga ya no cabía en el baño, rompió las ventanas y las puertas. Su color seguía resplandeciente, un púrpura intenso combinandose con un rosa pastel. Mientras su boca se llenaba de un rojo escarlata estremecedor.
La madre después de un rato, subió corriendo.
-¡Estela, ya sal de bañarte!
-........-
-¡Estela! ¡Por Dios, se consciente!
-.........-
La madre de la casi quinceañera Estela, abrió la puerta de un portazo y se quedo perpleja cuando vio el rojo escarlata por todo el baño, vio la puerta rota y como una luz iluminaba el cadáver de su adorada niña. La piel de su hija cubría todo el suelo de la tina. La madre sin poder moverse, miró la escena, la atroz escena. Los movimientos de la oruga habían hecho, que en la pared se dibujaran unas alas. 
Estela se había convertido en un bello cadáver de mariposa clavada en la pared.
El más bello.

viernes, 11 de febrero de 2011

Los recuerdos de Emma


Empece a besar miles bocas desde un tiempo no tan alejado, quizá a falta de algo mejor más un poco de aburrición y unas gotas de vacío del alrededor. La mayoría de ellas me sabían a lo insípido de la vida después de un día soleado. 
Comencé a entender mejor al arte de la pantomima, por fuera un derrumbe apocalíptico y por dentro la muerte merodeando. 
Con un poco de suerte encuentras aquella textura que hace que sientas toda una energía eléctrica que recorre desde la medula hasta la punta de tus pies. Los segundos más importantes en tu vida y te preguntas, ¿por qué no existen cámaras fotográficas que capturen el momento? 
En ese momento sabes que será una historia imposible, de esas que te torturan con sensaciones similares que no despegan. Miedo a volar. 
Ayer soñé con el chico que me hacía reír cuando sentía que el cerebro me iba a explotar o cuando quería gritar hasta llorar. El chico creció y se esfumó mientras yo observaba el pavimento. 
Hace tiempo tuve fiebre infantil a casi a mis treinta. Unos días antes de que las personas pudieran confundirme con señora. No recordaba como se iban formando personajes en el aire, con manchas de colores luz negativo. Sentía el sudor por todo mi cuerpo más por dentro que por fuera, fue cuando confundí los escalofríos por orgasmos y en eso me asuste cuando descubrí quien era el que me sometía a tales emociones. Un hombre que no veía desde la universidad, casi me doblaba la edad, nunca lo bese, no recuerdo ni siquiera que me gustará. ¿Por qué nunca salí con él? 
Ah es cierto, era mi profesor y la ética se entrometió como clásica vieja metiche.
Desde hace tiempo beso bocas nocturnas, me dejó de importar el género con tal que fueran agradables a la vista. Bocas tersas, labios sensuales, labios carmesí con un toque de fantasía vampiresca. Siempre me gustó un poco de sangre cálida recorrer la punta de mi lengua. Sin nombres, por favor. Es sólo intercambio de fluidos, los momentos cursis se los dejó a las novias de altar. Así lo es, alguna vez yo fui una de ellas. 
De vez en cuando veo al hombre de mi vida o lo más cercano a ello. Cuando tengo suerte y nuestros caminos se juntan, vuelvo a sentirme como princesa perdida en un bosque maldito siendo rescatada por el chico de las pocas palabras. El hombre no es un príncipe y a duras penas se algo de su pasado. Tiene dos hijos y una esposa de anuncio de coca cola. Me lleva casi 10 años y lo conozco desde hace 15. La relación más larga que he tenido en toda mi vida. Ni siquiera los amigos me han durado tanto. Nunca hacemos planes.
Observo la ciudad a través de mi ventana opaca. Veo como lentamente se prende con focos de diversos colores. Estoy en lo más alto de una torre medieval, no dejo que el acero penetre mi ser. Miles de plantas acogen mi alrededor. Sólo he dejado a una persona entrar a mi jardín secreto, lleno de laberintos acuáticos en medio de una ciudad plastificada. 
Esperando al padre de mi hija, con un poco de suerte tendrá ojos sutiles, un corazón firme y menos parchado que el mío, una linda sonrisa de esas que te hacen levantarte en la ruina y un verbo que no te agote. Mi niña necesita alguien que no la deje abandonada en medio del laberinto de la muerte, donde la única escapatoria es robarse unas alas ajenas. Ella sigue creyendo en dragones y habitantes del bosque, cree que un día vendrá un lindo príncipe a rescatarnos y formar una familia de verdad. 
Apago el último cigarro, el humo se pierde lentamente. Dejo respirar mi cuerpo desnudo con la luz de la luna. Los ojos se me rompen sin querer. Tengo años sin pensar en todas estas tonterías. 
Mi niña duerme tranquilamente, pensando lo excitante que es sobrevivir a un examen de matemáticas. 
Mi copa de vino esta casi vacía, odio las juntas escolares. Te das cuenta de lo lento que son los cambios. 
Mañana otra junta donde mi sonrisa me conseguirá más éxito que los mejores argumentos. Ir al gimnasio tiene más resultados que leer diez libros a la semana.
Llega la noche buscando labios efímeros que me anestesien de la fatiga semanal y de la crisis mundial. 
En eso miro la pared de la sala, llena de fotografías que nunca llenaron un espacio público. Recuerdo cuando mi niña tenía 5 años y observó una de las fotografías con demasiada atención.
Un chico asiático a inicios de sus veintes en medio de un puente que se sumergía en un lago. Al fondo unas escaleras y una estructura de madera. Traía una cámara fotográfica semi profesional de hace más de 15 años. Siempre quise una a esa edad, me conformaba con mi cámara de rollo y mi gran angular. 
-¿Quién es?
Un poco distraída, me acerque a la fotografía. Ya no recordaba que estaba ahí.
-¿Es el mismo?
Señaló otra fotografía donde salía él de frente, con unos rayones y una dedicatoria casi invisible.
-Si, es el mismo.
-¿Es mi papá?
-No...
-Mira aquí también esta, esa eres tú abrazandolo, ¿no? Te ves muy linda. 
Sólo ponía aquellas fotografías de personas que realmente habían afectado a mi vida, estaban mis dos hermanos peleandose, mis padres en la playa, mis abuelos en sus años mozos, me costó demasiado recuperar esas fotografías de los años treintas, mi mejor amiga de la preparatoria descubriendo su sexualidad, los amigos de la universidad, nunca nos volvimos a ver después de ese día, uno que otro del trabajo y si todos aquellos que se comieron mi corazón.
-Mami, tiene mi mis mismos ojos.
-Es sólo una coincidencia.
-¿Cómo se llama?
-Es una larga historia...
Tomó la fotografía, la enmarcó en rosa, su color predilecto de aquel instante.
-¿Qué haces?
No me dijo nada por unos minutos, sonrió.
-Ahora se que existe.
Un vuelco al corazón.
No se si deba deshacerme de esas fotografías, aventarlas por la ventana y que se las coma lentamente la ciudad. A punto de cometer un asesinato. Se escucha el timbre de mi puerta. Tomo la primera playera que encuentro y unas pantaletas. Me asomo sutil por el mirador. Abro la puerta lentamente.
Me abalanzo sobre su cuerpo. Me susurra lentamente al oído.
-Eres difícil de encontrar.
Sonrío como quinceañera o como me hubiera gustado sonreír a esa edad.
-Más de reemplazar...
Pongo mis dedos sobre sus labios. 
Sensación multicolor sabor cereza.
Labios sabor a eternidad. 

lunes, 4 de octubre de 2010

Clarissa meditando lágrimas



Hoy me siento un poco  más sola que antier y con esa melancolía que no deja completamente mi cuerpo traslucido, no ayuda a curar cicatrices yuxtapuestas. Y es que hoy un evento me llevo a recordar su mirada misteriosa intergaláctica. Se acordará como simuló ser un mago para que no descubriera que venía en barco. Se acordará como escondí mis alas para que no se asustará. Uno de los recuerdos más lindos de mi corta vida y los ojos se me rompen en miles de pedazos. 
¿Qué nos pasó?- Se preguntaba Clarissa intentando no ver a la luna agraciada otoñal.
Mientras uno intenta ignorar lo obvio, los pleitos, los enojos y el hecho que un guionista común nos haya robado uno de lo momentos más tristes de nuestras vidas y lo transforme en algo banal o quizá no. Verse uno reflejado en esa escena triste, donde a sabiendas que uno es infeliz, el estar a lado de alguien aunque ya ni siquiera haya acaricias de por medio, uno se siente seguro porque la soledad es una amiga que si no le das el tiempo suficiente, sientes que te mata lentamente.
Clarissa no sabía que era mejor si recordar los momentos más felices, románticos, exquisitos o los más atroces, de esos que todavía no pueden cicatrizar. ¿Qué era lo que hacía que no tomará el teléfono y volviera a su castillo de cristal? ¿Qué la detenía? Si en todos modos, todas las noches sentía que su existencia era menos que insignificante. 
La sonrisa del chico un poco más distraído que ella, al parecer era la respuesta. Al menos por unos instantes, al menos hasta ayer. Y es que Clarissa no sabe medir sus sentimientos, no sabe poner un alto y pensar las cosas, ser racional como le diría su madre. Entonces sin darse cuenta Clarissa volvía a tener el corazón destrozado. 
Por eso envidio tanto a los astros y su sabiduría. Porque cuando lloran sanan el mundo en vez de destruirlo. Porque saben darle el justo tiempo a las cosas. No se involucran antes de curarse completamente. Sin embargo, mi mortalidad e ingenuidad hace que me ciegue cuando debo ser lo más cautelosa. Empiezo a creer en el karma, empiezo a creer que quizá era necesario este golpe para entender que un beso no es un juego. ¿Cómo uno puede pasar de tener un amante a convertirse en la amante? 
Esa es la historia actual de Clarissa, no sobre su recuerdos astrales bañados de mermelada. O de sus pleitos amargos con el chico que siempre será su primer gran amor. No, nada de eso. Clarissa llora internamente mientras le sonríe el mundo porque sabe que no se puede quejar. Sabe en el fondo que de cierta manera se lo merecía. Y ahora que sabe todo lo que dejo por un impulso infantil, quiere quedarse en la casa de verano y meditar. 
¿Por qué creí en todas tus palabras? Donde estaba mi ser cínico, cuando me llenaste de un futuro utópico. ¿Por qué te hice caso? Mientras tu ego se disparaba, ¿dónde se escondía el mío? Creo sigo siendo la misma ingenua de hace 10 años, cayendo por personas que sólo te utilizan por instantes, de intermedio. 
Clarissa quería explotar y a la vez se preguntaba si esa era la razón por la que algunas se vuelven la amante. La que esta ahí cuando hay que recoger los pedazos del otro, la que consuela cuando la otra se va de fiesta, la que alienta cuando todos se han ido. Clarissa dime, ¿estás dispuesta en ser la otra? La Clarissa de hace 5 años hubiera mandado muy lejos esa situación imposible y ahora...
No quería enamorarme de ti, no estaba en mis planes. Veras, yo salía con otros chicos, intentando olvidarme de una relación hermosamente defectuosa. Salía con  esa clase de chicos que duran sólo una noche. Nada especial realmente. Pero tú, te presentaste como un amigo. Estabas un poco desorientado, mi yo interior un poco perdido e hicimos un buen par. La confusión nos llevo a un gran caos. Tú aclaraste tu mente y volviste con la chica que te hace comer pastelitos cuando se va. Yo estoy más confundida que ayer, no quería que me gustaras.....
¿Por qué me invitaste a salir?
¿Por qué no te puedo dejar ir?

domingo, 3 de octubre de 2010

Musas

Un día despiertas sin tu musa preferida. Cuando más la necesitas se ha fugado, desapareció en el momento en el que te enamoraste de la sonrisa del chico distraído de la calle de ayer. Las musas son un tanto celosas al parecer, no le gusta compartir inspiraciones ajenas. 
Mi musa preferida se desvaneció más rápido de lo imaginado, no fue como Beatriz, no se si pueda alimentar a una musa toda la vida. He tenido musas por años, por meses...
Es verdad mis musas duran más que los instantes que paso con el verdadero ser. De hecho entre menos se del real, mi musa más se engrandece. Idealizaciones catastróficas que llevan a la dulce destrucción del espíritu melifluo. 
Veras te voy a explicar un poco de las musas o al menos de las mías. 
  1. Son complejas porque si bien no les gusta la compañía de otras musas, ni la competencia con los simples mortales, tampoco les gusta verse reflejadas en el mortal donde nacieron. 
  2. Les gusta ser la máxima idealización del simple mortal de donde surgieron más no ser el mortal. 
  3. Inspiran historias imposibles, pasionales, tiernas, románticas, lo que sea que alimente esa idealización del ser mortal que nunca va a estar a tu a lado. 
  4. Son tramposas y un poco egoístas. No les gusta que te enamores del verdadero, en el fondo saben que no pueden competir. 
  5. Ellas no pertenecen al mundo de lo humano, son idílicas, del mundo de lo imaginario. 
Por lo tanto he de afirmar que las musas nos llenan de felicidad vacía pero hay veces que se equivocan. Demasiado...
Un día despiertas y te das cuenta que las musas aman que otros contemplen las creaciones derivadas de ellas más no que por ello el ser en interés realmente haga algo al respecto. Y si por alguna misteriosa razón el susodicho decide dar un paso, la musa se enoja tanto que se va. Quieren demostrarte que ese ser sólo te quería por ella y no por ti. Muchas veces tienen razón. Quizá la mayoría...
Pocas veces surgen grandes historias de amor donde ellas no estén involucradas, donde la inspiración provenga del ser mortal nada idílico, nada especial o quizá demasiado extraordinario. 
Yo aprovecho a mi musa preferida del momento cuando aparece, para poder concretar ideas profanas en simples lineas que llenan el alma. 
Hoy me di cuenta que mi musa se fue y no se si quiero convertir tu mirada cansada en algo celestial. Tengo miedo en que te conviertas en una musa, creí que teníamos algo especial. 
Algo especial...
Platicas a medianoche que no llevan a nada.
Miradas que se cruzan en el vacío insignificante.
Un inicio indefinido que carcome mis entrañas.
Risas esporádicas compartidas por extraños seres diurnos.
Mensajes instantáneos que no conllevan doble significado.

Una musa imposible a punto de nacer y no quiero...
No te vayas, este sentimiento sólo tú lo puedes ofrecer. 
Quiero gritar.
Una vez más.

martes, 21 de septiembre de 2010

Marioneta num. 2



Aprieta un poco más fuerte
siente como los hilos van quemando mi piel
miles de hilos
y millones de manos intercambiables
Una luz escarlata indica que me estoy despertando
Me activo sin querer
mientras escurren miles de glóbulos carmín por mi cuerpo
y por esas cuerdas
¿ya te has manchado?
Te pregunto mientras no puedo mover mi cabeza
Nadie la levanta
Podrías agarrar ese otro hilo
quiero ver tus ojos
soy toda artificial

mis huesos de carbon
mi piel es estándar 1.3
la versión 2.0 ya es suave
mis ojos de polímero básico
dicen que corian aumenta la luminosidad
mi pelo desgastado, necesito nuevos implantes
mis dedos deformes, quien iba a decir que eran de poca durabilidad
si casi todo
mi corazón sigue latiendo
aun así....
me permites contemplarte aunque sea unos segundos
aunque mi versión tenga lagrimales defectuosos
son sólo unos instantes
alguien gira mi cadera
siento mis huesos rozarse
unas gotas más en el suelo
sonríe no es como si doliera
pero otro más estira mi otro extremo
mi cuerpo se separa lentamente
necesito unos tornillos más resistentes
quizá unas agujas
piensa por ti misma me dicen
mientras jalan todas las cuerdas
en sentidos contrarios
no se dan cuenta... 
que me desgarro por dentro
alguien?
me insertan una cuerda más
en la aorta mortal
obedece que sino mueres
ni siquiera se quien mueve esa cuerda sutil
sonrío, que para eso me hicieron
mi versión no me permite gritar
necesito una actualización
o era liberación?
no hay que ser ingenuos
De repente
tu sonrisa me inspira
a pesar del temor
de las ataduras
del miedo
es en ese momento
que siento liberación
como si todos se hubieran ido
como si nadie me controlara
caigo
herí a quien no debía
caigo
estoy con quien no debo
caigo
observo a todos realizar sus sueños
caigo
¿para qué me levanto?


tú también te estas yendo, cierto...
                                  

                       cierto...
cierto...
                              no se vayan

viernes, 10 de septiembre de 2010

Desgarrandome lentamente


(se recomienda leer con la música)
estoy tan perdida
               
                       perdida
     
       perdida
la soledad se harto de mi voz
hoy no se a quien amar
quizá nunca lo sepa
y todo se rompe en miles de pedazos oxidados
todo se nubla
el tiempo no aclara nada
y sabes que no hay escapatoria
volteas a ver si alguien se da cuenta de tu ausencia
tiemblas no hay nadie a quien consolar
otra noche más sin sentido
mirando hacia el infinito
dime, ¿dónde esta la luz?
me perdí por unos instantes
dónde quedaron las princesas que luchaban por sus sueños
las hadas que te hacían volar con polvos de nada
dónde quedaron los guerreros que creían en la libertad
DIME, ¿dónde?
¿DÓNDE?
                                     ¿dónde?
En este laberinto de oscuridad
la salida no indica  la felicidad
estoy perdida
¿me devuelves mi corazón?
me descompongo en miles de glóbulos blancos
¿me devuelves la fe?
estoy explotando lentamente
¿te acuerdas cuándo dejabas la luz prendida?
mis labios están dejando de articular
¿cuándo deja uno de caer?
mis piernas ya no me responden
mi cuerpo pesa 10 kilos menos que ayer
mis ojos manchados de tinta china
mis huesos sobresalen sutilmente por mi piel
hoy estoy perdida y no quiero que me encuentres
no quiero que me veas en mi locura pasajera
con mis demonios que me comen lo suficientemente lento para no dejarme morir
te acuerdas de los fantasmas que me paralizaban
de los dragones que quemaron mi cuerpo
de los monstruos que intentaron robarse mi alma
¿por qué no me mataron?
¿por qué me dejaron aquí? 
estoy perdida
rota
devastada
ciega
estoy 
llena de esperanza roja escarlata
no me puedo dar el lujo de morir
sí, estoy más perdida que ayer
te acuerdas cuando dijimos que esa era nuestra única escapatoria
la escapatoria hacia la nada
la locura cesará
las pastillas me devolverán a la realidad
tu no estarás ahí
i’m lost, my body is tearing apart again....

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Maquillaje

 marzo del 2009


George OHearn: Beautiful women are invisible.
David Kepesh: Invisible? What the hell does that mean? Invisible?
  They jump out at you. A beautiful woman, she stands out. 
She stands apart. You cant miss her.
George OHearn: But we never actually see the person. We see the
  beautiful shell. Were blocked by the beauty barrier. Yeah, were
  so dazzled by the outside that we never make it inside.
Elegy (movie, 2008).





Me cubro de maquillaje, no es que sea tan necesario. Cubrir una mascara con otra. No es como si alguien se fuera a dar cuenta. Pero me siento expuesta, después de ayer quien no lo haría. Pero lo simulo muy bien, la falda azul marino estilo europeo, la blusa ligera blanca color perla, la chaqueta negra de mangas cortas y abombadas y las botas negras. Me dan el aspecto del nunca me ha pasado nada en mi vida. Me engaño muy bien.
Y todos los gritos, los enojos y las frases que no quisimos decir no se fueron con el viento. Se atoraron en mi pecho, se quedo ahí tu voz resonando: no estoy seguro.- me dijiste.- si he pasado los momentos más felices de mi vida pero, definitivamente los que más he odiado si. 
Los que más has odiado, odiado, odiado. Mientras, mi padre ve una linda sonrisa. Hablando sobre banalidades y esperando a que me dijeran que la belleza te hace invisible. A que me destrozaran con esas simples palabras. Pero antes de eso, estaba ahí parada recordando como me decías que era una princesita que esperaba dormida en su castillo. Sólo eso vez en mí, me pregunto. Una cara bonita. Un cuerpo bonito. Soy sólo una muñequita pensé. De esas que sonríen, de esas que hacen lucir al otro, de esas que nadie ve.
Entonces la mirada se me pierde en el infinito y quisiera vomitar todo esto que traigo adentro. Sí ahora mismo esperando a que me digan lo difícil que es amar, lo raro de la vida, yo me harto de estos pensamientos y los quiero vomitar.
-Papá me siento mal.- digo gritando, al menos eso creo.
-Pa pá ya no veo.- siento que ahora si es el final. Nada me responde, ni mi cuerpo, ni mi mente. Los pensamientos se van, tu voz diciendo que todo esto se acabo se pierde. No veo ninguna luz, no visualizo los mejores momentos de mi vida, no nada de esas cursilerías. No nada similar que haya visto en las películas simplemente negro y no quiero
-Pá pa.- me asusta la idea, el único que me puede ayudar es aquel ser que me llama paranoica, que nunca me cree, que apenas y me habla. Que nunca le llamo papá.
Sin poder agarrarme de su cuerpo, caigo. Se desploma mi cuerpo y todo cae tan sutil.
A lo lejos mi padre preocupado, asustado, sin saber que hacer. Quien lo hubiera dicho. Nadie ayuda. No hay hospital, no hay gran enfermedad y las palabras son casi las mismas.
-Te voy a extrañar.- 
Y Sin embargo no hay un...
Estoy aquí.